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SWEET CANDY SUGAR - Sweet Revenge
Una razón para que Gerard me odie. Otra razón que,… 
30th-Nov-2008 07:10 pm
MCR // Videos MCR // Helena - End

Una razón para que Gerard me odie. Otra razón que, para el que lea esto, me odie XD Pero, fue solo una inspiración. Es un relato, un fanfic, puede o no puede estar pasando. Así que lean XD

Se acepta maíz, que me gusta mucho. Ah, y papas también (?)




 

Falso.

Perdón.

 

 

 Apaga el cigarrillo contra la mesa, sin importarle que la mancha negra arruinara la madera, porque no era la primera ni la última. Gerard escucha a lo lejos el ‘tic, tac’ de un reloj y un automóvil pasa. Recuerda que antes, de pequeño, cuando se quedaba solo en casa con Mikey, los automóviles pasaban e iluminaban la casa un instante con los faroles. Pero el lugar era demasiado oculto, incluso para que esa luz llegara.

Se levanta y va hacia la cocina, apaga el cigarro con la canilla del lavamanos y tira lo sobrante en un pequeño tarrito de la basura. Todo era demasiado vacío. Todo era demasiado silencioso.  Gerard oye sus pasos, únicos, golpear contra la cerámica.

Ve su casa, finamente decorada. Claro, habían contratado a algún experto y su mujer no había escatimado en gastos. Lo más fino, recordaba escucharla, porque merecían tener una vida de lujo ahora que podían pagarla. Y aunque esa idea no le parecía tan atractiva para él, simplemente dejó que ella hiciera lo que quisiese y fuera feliz.

Subió las escaleras, queriendo fumar otro cigarro pero le había prometido a Frank intentar no fumar tanto. Ya había roto demasiadas promesas como para defraudarlo de vuelta. Con el silencio haciendo eco de los pensamientos, Gerard va hacia su habitación. Y la luz se enciende, mostrando una cama matrimonial, cuadros suyos y el primer CD doble platino que The Black Parade había logrado.

No había fotos. Gerard sentía que no eran necesarias, y eso fue lo único en lo que ella no discutió.

Se agacha y toma su pijama tirado en el suelo. Por más que viviera en una gran casa, en un gran lugar y cosas que lo tachaban como de rico, nada podía comprarse como dormir con una camiseta negra y su pijama de Bob Esponja.

Y mientras se cambia, intenta no pensar en nada. Quiere que su mente esté en silencio, porque sabe donde llevaría todo esto y no solo dolía pensarlo, sino que lo lastimaba demasiado. Pasa la camiseta por su cabeza, y ya está listo para acostarse.

Toma su libro favorito, tan irresistible como una taza de café o una botella de cerveza fría, y vuelve a releerlo otra vez. Era imposible cansarse de la historia. Era imposible recordar momentos, giras, risas y todo lo que ese libro tenía guardado entre sus páginas. Porque cada letra le hacía recordar a un pasado que era incapaz de rehacer otra vez.

Por eso cierra el libro, haciendo un golpe seco, y apaga su velador quedando a oscuras y sin nadie. Ella estaba de gira en otro país, sus amigos no estaban cerca y ahora simplemente no tenía nada que hacer.

No siente frío.

No siente calor.

Es como estar suspendido en la nada.

Porque cuando estaba ella, y recibía sus besos, no sentía nada. Y por más que se obligara, se mintiera o, inclusive, pudiera llegar a creerse la mentira, no había nada ahí. No había sentimientos. Ni calor. Ni frío. Ni siquiera se suspendía en la nada.

Era vacío.

Gerard sabe que ya no podrá dormir. Vuelve a levantarse y a quitarse el pijama, pero esta vez se pone unos jeans, una camiseta y, tal vez por los recuerdos, su chamarra de cuero. Sale rápidamente de su habitación y va hacia el final del pasillo, donde estaba la puerta blanca de su estudio privado.

Ni siquiera ella había entrado ahí.

Todo estaba en cajas, ni muebles había. Un cuadrado blanco de pisos negros, con papeles, carpetas y bolígrafos esparcidos sin ton ni son. Pero le era cómodo así.

Ve finalmente lo que estaba buscando y la saca de su estuche negro. La guitarra azul de sus quince años, estaba desgastada y con la pintura rasgada pero seguía sonando y no estaba desafinada, por raro que parezca. Sonríe cuando ve las letras de BILLY JOE que Frank, hace mucho, había puesto aludiendo que le sobraban. Por supuesto, no tenía ni la E ni la I.

La sujeta fuertemente y va hacia la cocina, agarra el paquete de cigarros y sale al exterior, buscando su auto. No era ostentoso, como su esposa había deseado. Él no necesitaba andar mostrando cuánto dinero tenía a la gente y qué tan famoso era.

Porque Gerard se sentía famoso cuando le pedían un autógrafo en la calle, o le gritaban cosas buenas que le sacaban una sonrisa. Aunque no siempre podía sonreír.

Gerard coloca a Billy Joe en el asiento de atrás y luego pone en marcha el motor. No sabe a dónde irá. No sabe que es lo que hará. Pero estar en esa casa, era demasiado.

Al menos, por hoy.

Y empieza a recorrer las calles de Los Ángeles, lleno de luz y color. Hace un ‘tsk’ involuntario. Demasiado brillo, demasiada ostentación. Este no era el lugar que necesitaba ahora. Se aleja, siguiendo la autopista hasta que sus ojos se fijan en la playa.

Ennegrecida, con un panorama negro.

Aprieta el volante hasta que sus dedos se emblanquecen por la fuerza,  y sabe que necesita salir. Gerard estaciona con las luces encendidas, saca a Billy Joe y se va hacia la playa. Siente la arena sobre sus zapatillas ligeramente tibia y se sienta en una roca.

La luna, alta, daba una ligera luz plateada.

Sabe que no es muy bueno con el instrumento, pero las notas las recuerda. Era imposible olvidarla. Y por eso la odiaba. Porque siempre fue la historia de su vida. Siempre será la historia de su vida.

Y siempre estará solo.

Y siempre sentirá que le encantaría estar solo.

Por esos sus dedos, no tan torpes, se mueven y su voz cobra vida, recordando la letra de una canción pocas veces tocada. Se equivoca en algunas partes, pero no se detiene. Quiere llegar al final. Quiere terminar con todo.

Y cuando sus dedos rasgan la última nota, y su voz poco a poco se va apagando, Gerard vuelve abrir los ojos y a encontrarse con el mismo panorama negro. Ve el agua mecerse suavemente, la arena empieza a enfriarse y un pequeño viento sopla silbante.

Está solo.

Busca sus cigarros. Agarra uno y empieza a moverlo entre sus dedos. Su cuerpo pide, pero su mente está firme y paralizada. Promesas. No quiere volver a romper promesas. No quiere volver a estar suspendo en la nada.

No quiere.

Pero no puede.

Gerard pasa una mano sobre su cabello. Mira hacia el cielo negro. Mira su panorama negro. Todo es negro en su vida.

Recuerda a las personas que lastimó con las falsas promesas. Recuerda a las personas que está lastimando con sus falsas promesas. Piensa en él, y se da cuenta que también está herido por las falsas promesas.

Nadie sale victorioso.

Deja caer el cigarrillo en la arena.

-Perdón –pide con sinceridad, agachando la cabeza.

Las disculpas nunca serán suficientes.

El daño, ya estaba hecho.

Comments 
30th-Nov-2008 09:30 pm (UTC)
Makikoooooo *da palmaditas*, me encantó tu fic. Sí, sí, y sí. Hacía mucho tiempo que no subías ningún escrito, ya era hora, joder.

Pobre Gerard, ¿por qué siempre todo el mundo tiene que hacerlo tan melancólico?

Joder, será que Gerard inspira angst *tsk*.

En fin, Makiko de mi alma y de mi corazón, vuelvo a repetirte que me gustó muchísimo y espero que escribas más fics o te mataré yo misma con mis propias manos.

Do you understand?¬¬

Más te vale que lo hayas entendido XDDD.

I love you so much:)

Kisses&hughs
11th-Apr-2011 04:29 am (UTC)
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